sábado, 17 de junio de 2017

Filantrocapitalismo

Si Amancio Ortega entrega a los hospitales españoles un montón de equipos que se entiende que son necesarios es porque hay una falta en nuestra sanidad y debe ser el ámbito público el que lo solucione. Contrasta también, como en el caso de las farmacéuticas, el interés de Ortega por prevenir el cáncer, que no dudo que sea auténtico, con algunos aspectos “oscuros” que algunas organizaciones no gubernamentales han denunciado.

Me refiero, por ejemplo, a la explotación laboral en talleres vinculados a Zara en países como Brasil (y no son hechos aislados). El empleo de mala calidad también impacta en la salud pública. El diario El Mundo animaba en un editorial titulado Despreciable crítica a la filantropía a aplaudir a este empresario que ha amasado su riqueza gracias a su trabajo“.

Quizá es que estamos entrando de nuevo, casi sin darnos cuenta e incluso con el buen tono que rodea a las donaciones y la supuesta filantropía, en una era de plutocracia, aquel modo de oligarquía en la que una sociedad está gobernada o controlada por la minoría formada por los miembros más ricos de la misma.(...)

¿Quien rechazaría un gran regalo como los que está haciendo Amancio Ortega? El problema no es la donación sino lo que puede haber detrás. Y lo que hay detrás es filantrocapitalismo.

Cuando el dinero que llega es privado, lo mismo que ha venido puede irse en cualquier momento pues no llega por cauces democráticos sino que es fruto del libre albedrío de una o unas personas concretas. Éstas suelen buscar un rendimiento social a su inversión.

El filantrocapitalismo, dicen los críticos, no va a la raíz de los problemas (la pobreza, la corrupción) sino que aplaca síntomas: hay un problema muy grave por el enorme número de muertes por cáncer en nuestro país versus se compran aparatos de diagnóstico. ¿No sería más sensato ir a las causas?

El filantrocapitalismo se queda digamos en la superficie, no profundiza y no puede hacerlo porque los donantes son, por lo general, fruto de una sociedad injusta que, en el mejor de los casos ha sonreído a sus proyectos (de lo cual hay que alegrarse) y en el peor, sus proyectos se han reído de la justicia (se sustentan en la injusticia). ¿A alguien le parece bien “amasar su riqueza” proveniente de la venta de productos nacidos de la explotación laboral o la semiesclavitud?

Otro problema es que las donaciones, como escribía, tapan un agujero de la administración pública que una vez cubierto esta no se encargará de reparar, se crea así una dependencia de lo privado.

Extractos de un escrito de Miguel Jara

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay que tener cuidado que el filantropicapitalismo gringo en Africa se descubrio que se dedicaba a estirilizar las mujeres africanas, no vaya ser que las radiaciones y la quimioterapia en este caso sean mortales. Recordemos las atrocidades a que eran aficionados los muy cultos alemanes mientras entonaban operas y arias a los nibelungos.
Vivimos en un mundo donde la mismisima la ONU con todo descaro le metio una epidemia de colera al pueblo haitiano para rematar la tragedia del terremoto y no hay nadie preso pero si es seguro que alguien todavia cuenta su dinerito.
Es la codicia, estupido....como decia uno de los travatranes de Bill Clinton.